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Juntos podemos controlar la tricomonosis

La información proporcionada en este sitio tiene varios propósitos: poner a su disposición información actualizada y relevante acerca de la tricomonosis, divulgar las actividades de nuestro laboratorio, acercarnos al productor para ayudarlo y solicitar su ayuda.

Las actividades de este laboratorio de investigación se sostienen con fondos públicos y por ello debemos darlas a conocer. Las instituciones que han financiado, directa o indirectamente, nuestro trabajo son el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnicas (CONICET), la Universidad Nacional de La Pampa (particularmente la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales) y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT).

Los resultados de nuestros trabajos de investigación se hacen públicos a través de revistas científicas internacionales, son evaluadas por investigadores extranjeros y publicadas en inglés. El productor, como muchos profesionales, no tiene acceso a esta información o le resultará difícil su interpretación (muy especializada). Por esta razón, aquí intentamos hacerle conocer nuestros resultados de manera simple y clara. En cualquier caso, si no comprendiera alguno de los comentarios puestos a su disposición podrá contactarnos a través de una de las vías proporcionadas.

Usted, productor, profesional o interesado, puede formar parte de nuestras actividades. Su contribución es deseable y puede tener diferentes formas. Algunas de ellas se nombran a continuación.

Muchos trabajos realizados para conocer el protozoo que causa la tricomonosis no han sido realizados en un contexto científico adecuado. Muchos supuestos como: “el toro es un portador crónico de la enfermedad”, “la vaca se cura rápidamente”, “el diagnóstico es la única herramienta para erradicar la enfermedad”, “no usamos el metronidazol porque genera resistencia”, entre muchos otros, no se sostienen en trabajos científicos serios o no se han verificado.

Se conoce mucho de esta enfermedad, pero se desconoce mucho de ella. La ausencia de un tratamiento, la ausencia de una vacuna y la gran cantidad de abordajes diferentes para el control diagnóstico son pruebas directas de ese desconocimiento del patógeno y de la enfermedad. Ningún profesional serio podrá asegurar que una vacuna para la tricomonosis previene el aborto. Tampoco podrá asegurar cuántos terneros más va a producir un rodeo libre de tricomonosis.

Tenemos muchas dudas y tenemos muchos límites para investigar esta enfermedad. Gran parte de las limitaciones provienen del modelo experimental. No es fácil emplear vacas como si fueran ratones de laboratorio. Nuestro laboratorio aborda las tres grandes líneas para el control de la enfermedad: el diagnóstico, el desarrollo de una vacuna y el tratamiento del animal infectado.

Usted puede ser parte de estos desarrollos de muchas maneras:

1- Acercándonos sus inquietudes, para que respondamos con soluciones o implementando nuevas líneas de trabajo.

2- Trayendo muestras para análisis. Si usted ha analizado muchos animales, nunca había tenido un animal con diagnóstico positivo y tiene uno o más animales positivos debe sospechar que le han dado resultados falsos positivos. En tal caso puede enviarnos muestras para confirmación de la infección.

3- Poniendo a nuestra disposición animales infectados. Estamos evaluando un tratamiento para curar toros infectados. Si usted ha tenido animales positivos y no desea sacrificarlos puede contactarse con nosostros.

4- Poniendo a nuestra disposición animales sanos para la evaluación de una nueva vacuna.

5- Donando insumos o equipamiento.

6- Invirtiendo en un nuevo desarrollo. Ya tenemos un producto para el diagnóstico rápido y preciso de la tricomonosis. El kit para diagnóstico de tricomonosis mediante LAMP es más económico y preciso que las técnicas actualmente disponibles en el país. Usted puede ser parte de este desarrollo … y de otros.

Es mejor la qPCR?

Quien haya leído las notas anteriores y esté viviendo alguna de las restricciones impuestas por nuestros gobiernos debido a la pandemia de sars-cov2 (el virus responsable de la enfermedad conocida como covid-19) podrá preguntarse si se puede controlar una enfermedad basándose exclusivamente en el diagnóstico. La respuesta es bastante clara, si se ponen en práctica todos los controles necesarios sería posible, de lo contrario NO.

Entonces nos preguntaremos si esto sería posible sin importar la técnica que se use. Pues bien, la respuesta es que sólo debería cambiar el tiempo que tardemos en erradicar la enfermedad.

En el diagnóstico de tricomonosis no consideraremos las técnicas inmunológicas por lo que solo nos remitiremos a las dos ya vistas, el cultivo y la qPCR. El cultivo tiene menos sensibilidad que la qPCR. Por esta razón se espera que algunos animales que tienen tricomonas escapen, es decir que den negativo aunque tengan tricomonas. La qPCR es más sensible y deberían escaparse menos animales positivos (si, algunos van a escapar, serán menos). En el plan de venéreas de La Pampa nos quedarían para el año siguiente algunos positivos que escaparon al diagnóstico mediante cultivo y menos (muchos menos si usted quiere) que se escaparon a la qPCR. El resultado esperado, no tener más positivos, llegará en menos años, más rápido, con un test muy sensible.

En el diagnóstico de covid-19 (aunque lo correcto sea decir de sars-cov2) la PCR ganó terreno muy rápidamente. Esto fue así porque es una técnica muy sensible que permite detectar muy poco material genético del virus en una persona y porque cualquier biólogo molecular (esos individuos que estudian el ADN) medianamente entrenado puede diseñar una en poco tiempo. Luego vinieron otras técnicas, que requirieron algo más de tiempo para ponerse en marcha. Algunas de esas técnicas son mejores que la qPCR, pero el mercado estaba tomado, o ya se ha comprado equipamiento muy costoso o … la verdad es que apenas entendemos una y ya nos dicen que hay una mejor.

Ahora bien, ¿sirve tener una técnica excesivamente sensible si los animales infectados permanecerán en el campo? ¿sirve tener la mejor herramienta diagnóstica disponible en el mundo si no se toman las muestras correctamente? ¿sirve tener una técnica y equipamiento sofisticado si el operario de esos instrumentos no conoce la diferencia entre un verdadero positivo y un falso positivo? … Usted conoce respuestas a algunas preguntas.

También sabe que la qPCR es sensible y es costosa, más aún en países como el nuestro. Lo que no sabe probablemente es que muy pocos laboratorios cuentan con el equipamiento necesario, y menos todavía cuentan con el personal entrenado y casi ninguno cuenta con la posibilidad de adquirir los reactivos necesarios para hacerla como se espera. Entre la qPCR que se hace en un laboratorio del primer mundo y una qPCR que se hace acá puede haber grandes diferencias. Si el productor debiera pagar el costo de un diagnóstico mediante qPCR en dólares es probable que lo pensara varias veces. ¿Es esto preocupante? Sí. Pero esto es así con cada técnica.

El cultivo también puede (y en otros países DEBE) hacerse con medios validados. Pero acá debe hacerse “casero” (más barato y como mejor podemos porque no hay ninguna empresa que haga un medio validado y reconocido). Esto no lleva necesariamente a tener métodos diagnósticos de porquería, sino a no poder controlar los resultados (… no es claro si es tan sensible … no es claro si es tan específico …). También a tener grandes diferencias entre los resultados de un laboratorio y otro.

En esa situación el productor escoge examinar sus animales mediante PCR porque es menos costoso que dos evaluaciones mediante cultivo (paga más por el análisis pero sólo debe llevar los animales a la manga una vez y debe pagar solo un viaje y un muestreo al veterinario). Y ahora verá el resultado … o no.

La Pampa lleva dos años diagnosticando casi todos sus toros mediante qPCR. Con una técnica más sensible esperamos que se perciban más animales positivos que escapaban al diagnóstico mediante cultivo. Este efecto ya sería visible pues en 2019 y 2020 se registraron algunos animales positivos más que los que se registraban en los años anteriores.

Pero dos años de diagnóstico mediante PCR también dejan ver que una gran proporción de los toros con resultado positivo son falsos positivos. La figura que se muestra abajo muestra de qué campos provienen los toros positivos. El color rojo oscruro representa aquellos campos que tuvieron un diagnóstico positivo en 2008 y hacia la derecha se muestra que una cantidad de esos campos volvieron a tener resultado positivo en los años siguientes.

Cada nuevo color mas claro representa el número de campos que tuvieron al menos un toro positivo por primera vez en el 2009, en el 2010 y así hasta el 2020 donde la cantidad de campos positivos nuevos están en color blanco (y los que dieron positivo en 2020 y habían sido positivos por primera vez en 2008 son rojo). Ahí se ve que una cantidad casi constante de campos que tuvieron resultados positivos en 2008 y volvieron a dar positivo al menos un año posterior, incluso 13 años después.

Si observa atentamente verá que el mismo efecto se repite para cada cohorte (el grupo de campos que tuvieron por primera vez un resultado positivo en un año determinado). La figura sugiere claramente que hay campos donde debe intervenirse (~10 % de los campos) y otros donde es necesario tomar un resultado positivo con sumo cuidado porque el resultado puede ser erróneo (~90% de los campos).

Ahora, la aparición de nuevos positivos cada año, campos que nunca dieron resultados positivos con anterioridad, sugiere: 1) no hay control del movimiento de los animales que dieron positivo, 2) que muchos laboratorios cometen errores de manera sistemática, o 3) que hay una fuente del patógeno fuera del toro. Todos estos puntos pueden abordarse y tener éxito en la erradicación de la enfermedad. Pero el éxito no depende de la sensibilidad de la técnica sino del compromiso por hacerlo bien ….

Muchos falsos positivos en La Pampa !

Cada año, aproximadamente 5.000 campos deben examinar sus toros en busca de portadores de tricomonosis bovina en la provincia de La Pampa. Cada año, alrededor de 150 campos reciben un resultado positivo y más de 300 toros con diagnóstico positivo deben ser sacrificados. Esto se repite desde hace diez años.

¿Porqué no concentrarse en esos pocos campos positivos y dejar en paz al resto de los productores? Esto no se ha hecho porque cada año se registran unos 150 campos positivos, pero los campos con resultados positivos desde el inicio del plan son más de 1.300. Esto significa que cada año no se están restando campos con registros positivos, sino que se están sumando otros (inesperado para un programa de erradicación).

Otra razón es que los campos positivos están dispersos en toda la provincia. En 2010 se sugirió que los campos con tricomonosis estarían mayormente situados en el suroeste de La Pampa (ver). Limitar el control a una pequeña región de la provincia sería más simple. Pero los campos positivos no pueden hoy verse en una región de La Pampa. Por el momento, saber que los campos con diagnósticos positivos se encuentran dispersos en toda la provincia sólo indica que no hay un foco de la enfermedad.

Para algunos el fracaso del control de la tricomonosis en La Pampa se debe a que no se dispone una técnica lo suficientemente poderosa para identificar a todos los animales portadores de Tritrichomonas foetus, el protozoo que provoca la enfermedad (que vamos a llamar TF). Para otros la razón está en que hay productores que no cumplen con las reglas básicas de analizar cada toro y sacrificar a todos los enfermos. No faltan quienes dan detalles, sugiriendo por ejemplo, que las muestras para análisis no se toman correctamente.

En La Pampa, como en muchas otras regiones del mundo, la identificación de toros portadores de tricomonosis se ha basado totalmente en el cultivo de TF hasta 2017, y desde entonces gran parte de los análisis se realizan mediante qPCR. En el diagnóstico mediante cultivo, una muestra tomada desde la cavidad prepucial del toro (por lavado o raspado del epitelio) se pone en un tubo con un medio líquido que permite que unos pocos microorganismos proliferen y se posible su observación al microscopio.

El cultivo para diagnóstico de TF es fácil de realizar y puede ser barato, aunque siempre se ha dicho que tiene baja sensibilidad. Una baja sensibilidad en el diagnóstico de TF indica que no se pueden reconocer como positivos a todos los toros que tienen TF (aquellos que son realmente positivos). Este defecto del diagnóstico de tricomonosis se conoce desde hace mucho tiempo y se ha subsanado, en parte, repitiendo el análisis. El razonamiento es simple, si un animal enfermo no puede detectarse en un primer examen, es posible que lo encontremos repitiendo el análisis.

Esa idea, no del todo correcta, se impuso en todo el mundo. Así, para el diagnóstico de TF mediante cultivo se analiza al mismo animal dos veces (dos muestras obtenidas en dos momentos diferentes). Si una de esas pruebas diagnósticas resulta positiva entonces el animal se considerará positivo. En algunas regiones se impone incluso la realización de tres análisis consecutivos. Para el productor es difícil tener que acercar los animales a la manga varias veces de modo que, hoy, se le da a elegir entre 1) encerrar los animales varias veces y analizar mediante cultivo, o 2) encerrar una sola vez y analizar mediante qPCR.

En 2008 el 11% de los campos muestreados eran positivos y en 2010 eran menos del 4%. Este éxito dejaba ver que con el cultivo de TF se podían detectar toros portadores de enfermedad y que la mayoría de los productores con resultados positivos había sacado los toros portadores de enfermedad. Pero desde entonces no fue posible ver menos campos positivos. ¿Porqué?

Con una técnica de baja sensibilidad diagnóstica podemos esperar que cada año “escapen” algunos animales portadores de enfermedad. Esos portadores que escaparon un año podrían detectarse el año siguiente, o más tarde. Según nos han dicho, si mantenemos un animal portador de TF podría contaminar a todo el rodeo, entonces es probable que no tengamos que esperar muchos años antes de reconocer otro animal positivo en el mismo campo.

En La Pampa, apenas el 10% de los campos que tuvieron resultados positivos un año volvieron a tener un resultado positivo el año siguiente (ver). Es más, sumar todos los campos que tuvieron más de un año positivo no nos deja reunir mucho más del 30% de todos los campos con resultados positivos. Rápidamente esto quiere decir que deberíamos ver una fuerte caída de diagnósticos positivos después del primer año. Viendo eso con un poco más de detalle quiere decir que hay muchos, demasiados, campos con un sólo año positivo.

Ahora, si lo que repiten tienen dificultades para librarse de la infección los otros tuvieron mucha suerte y en un año la sacaron del campo. Por el contrario, si en el primer grupo hay sólo campos que no cumplieron con la exigencia de sacar los toros enfermos entonces la enfermedad tendría que eliminarse cumpliendo estrictamente el plan, muy rápidamente.
Hacer que todos los productores cumplan con la única regla ampliamente aceptada de controlar la enfermedad excluyendo animales infectados podía ser difícil hace tiempo. Entre los registros de los primeros años del plan de control de venéreas encontramos animales con resultados positivos que permanecieron en el mismo campo, o se vendieron, y volvieron a dar resultados positivos. Esos campos y productores incumplidores se encuentran entre los campos que volvieron a tener resultados positivos (ver) .

Poder distinguir esa particularidad de los campos incumplidores sugiere claramente que la sensibilidad de la técnica empleada no es cuestionable. Expresado de otra manera, si es claro que los campos que guardaron animales positivos tienen un riesgo mayor de tener un diagnóstico positivo el año siguiente, entonces ¿porqué tendríamos que pensar que en algunos campos no podemos identificar a todos los animales portadores de infección? La respuesta es fácil, no tenemos que preocuparnos por la sensibilidad del cultivo de TF. En otro momento las autoridades deberían haberse preocupado por la sensibilidad de esa técnica en “algunos laboratorios”.

Los datos recopilados no permiten identificar a todos los productores que no cumplieron. Muchos datos de los primeros años no tienen siquiera el número de caravana (identificación) de un toro muestreado. Sin embargo se pudo establecer que aquellos que identificamos como incumplidores volvieron a tener toros positivos. También hemos podido identificar otras características de los campos que repitieron años con resultados positivos.

La más relevante quizás es que, campos con muchos toros positivos tienen un riesgo elevado de tener un diagnóstico positivo el año siguiente, mientras que, campos en los que se encuentran muchos toros positivos y no sacan esos animales del rodeo, no sólo tienen más riesgo de dar positivo el año siguiente sino que pueden tener varios animales positivos. Esto parece simplemente confirmar la necesidad de excluir toros infectados. Sin embargo, esto indica que es posible predecir la evolución de la enfermedad en un campo y “reducir la importancia de un diagnóstico positivo aislado”.

Por el momento tenemos una fotografía algo más nítida de aquellos campos que repitieron años positivos. También hemos mejorado la imagen de una técnica de detección a la que algunos atribuyeron el fracaso de todo un plan de erradicación (diez años tarde).

Ahora veamos un resultado preocupante del testeo obligatorio de todos los toros de La Pampa: “el riesgo de tener un resultado de tricomonosis positivo aumenta con el número de animales analizados” (ver). Alguien podrá responder rápidamente “por supuesto, cuanto más busquemos más encontraremos”. Es lógico pensar así, sobre todo hoy, pues esa idea se ha generalizado desde que se impuso la necesidad de buscar portadores de sars-cov2, el agente del covid19.

Demostrar que “en un campo de La Pampa que testea más animales se encuentran más animales positivos” pone en evidencia un gran error del plan de venéreas. Más de cien años de ciencias experimentales nos han metido en la cabeza una idea que permite ver que eso no puede ser verdad: ”un productor que tiene una gran explotación y tiene que analizar muchos animales cada año, no tiene un riesgo mayor de tener al menos un toro con diagnóstico positivo que un productor que debe evaluar pocos toros”. A esta altura no es necesario aclarar que la tricomonosis bovina no está más presente en campos con muchos animales, sino en campos con la enfermedad, sean esos campos grandes o chicos.

En el oeste de la provincia de La Pampa las explotaciones son por lo general más grandes, están más lejos de las ciudades y son, en general, menos atendidas por sus dueños. Ahora, es tentador creer que en el oeste hay más tricomonosis, pero no es así.

En el plan de erradicación de esta enfermedad venérea sólo hay una explicación para que el testeo de un gran número de muestras se relacione directamente con el número de resultados positivos: los errores. Tenemos herramientas para afirmar que “buena parte de los resultados positivos obtenidos en el diagnóstico de tricomonosis en La Pampa son, simple y llanamente, falsos positivos”.

El cultivo de un microorganismo en un tubo no es, en el fondo, diferente del cultivo de un animal. A un bovino se le dan las condiciones que requiere para crecer y reproducirse, básicamente comida y espacio. Esas condiciones pueden ser aprovechadas por otros organismos (ovinos, caprinos y muchos animales silvestres). De manera similar, en un tubo de cultivo para TF pueden crecer otros microorganismos, algunos que habitan la cavidad prepucial y otros que vienen de otros sitios como el intestino (y llegan al prepucio con la materia fecal). Aunque se tomen precauciones algunos microorganismos que no son TF pueden crecer en el cultivo para identificación de TF. Más del 10% de las muestras positivas pueden tener microorganismos parecidos a TF.

El cultivo de TF se practica hace más de 40 años y a esta altura es probable que conozcamos todos los microorganismos parecidos a TF que pueden crecer en el mismo y llevar a una falsa interpretación. Una persona bien entrenada puede reconocer muchos de esos microorganismos. En todo caso, existe una gran cantidad de pruebas confirmatorias que permiten a un laboratorio dar al productor un resultado positivo seguro (tiene TF, no algo parecido). Es claro entonces que un error diagnóstico habitual consiste en dar un diagnóstico de tricomonosis positivo cuando de hecho no había TF. Ese error se atribuye a la técnica pero en el fondo es un error del laboratorio.

Toda prueba diagnóstica tiene límites y márgenes de error. Un límite es la baja sensibilidad. Como ya se vió la sensibilidad indica que no se pueden reconocer todos los animales que son realmente positivos. La sensibilidad del cultivo de TF puede empeorar con un tratamiento inadecuado de la muestra y varía mucho según el medio de cultivo que se prepare, o se compre, en un laboratorio. Si la técnica requiere la conservación de la muestra para hacer crecer (y ver) al microorganismo (vivo), y el veterinario deja las muestras en la caja de su camioneta durante varios días, entonces no podrán verse microorganismos, sin importar lo bueno que sea el medio de cultivo del laboratorio. Aunque no es difícil encontrar veterinarios negligentes que llevan a un exceso de falsos negativos, aquí nos interesamos por los resultados falsos positivos.

El éxito de una prueba diagnóstica se mide también por su especificidad. Si decimos que una prueba tiene una especificidad del 99% estamos diciendo que cuando examinamos 100 animales sanos podríamos obtener 1 resultado positivo con la muestra de 1 animal sano. La especificidad indica cuán grande es la probabilidad de obtener un resultado positivo cuando sabemos que no hay ninguna muestra positiva.

Ahora, la especificidad del cultivo para la detección de TF depende pura y exclusivamente de la capacidad de un laboratorio de distinguir TF de otros microorganismos. El laboratorio sabe que pueden proliferar microorganismos de la cavidad prepucial y sabe que la muestra puede estar contaminada con materia fecal. Si crecen microorganismos, debe ser capaz de distinguirlos, sin importar lo sucia que esté la muestra proporcionada por el veterinario, y dar un diagnóstico correcto.

En el diagnóstico de enfermedades un error puede tener muchos orígenes. En el diagnóstico de tricomonosis en La Pampa se encuentran laboratorios con muchos más resultados positivos que otros y esto no siempre quiere decir que algunos laboratorios tengan más clientes con campos contaminados que otros. Esos laboratorios cometen, o cometieron, errores sistemáticamente. En laboratorios que analizan grandes cantidades de muestras se advierten errores accidentales. Contaminar muestras de campos sin tricomonosis, rotular mal y confundir los tubos, equivocarse al cargar los datos … No es necesario decir que “la técnica es inespecífica“. En cada laboratorio pueden cometerse errores. Las muestras son analizadas por personas y todos podemos cometer errores.

Ahora sabemos qué resultados pueden ser realmente positivos porque tuvieron muchos animales positivos, porque no excluyeron, porque repitieron años positivos. También presumimos que muchos positivos inexplicables son falsos positivos, porque encontramos pocos animales positivos con muchos animales analizados, porque los resultados positivos no reaparecen otro año, porque estan dispersos en toda la provincia y no tiene sentido la infección en ese campo en particular (con una producción de terneros digna de estar en un libro de records).

Poner un valor de especificidad a una técnica casera como el cultivo de TF realizado por todos los laboratorios de La Pampa no es correcto. No se conoce ese valor y ningún laboratorio puede decir que lo sepa con exactitud. Pero vamos a arriesgar un valor que supone errores de interpretación y laboratorios que no han confirmado sus diagnóstico achacándole todo el error a la técnica.

Si vamos a analizar 40.000 toros con una técnica que tiene una especificidad de 99% (es un valor bueno para muchas técnicas como el cultivo, e incluso la qPCR “casera” que se hace actualmente), ¿a qué prestaremos atención? Si nos sentimos atraídos por el valor más grande, el 99%, diremos que estamos en condiciones de confirmar que 99 de cada 100 animales sanos están realmente sanos. Es decir que pudimos confirmar que 39.600 animales sanos dieron un rsultado negativo. Por el contrario, si prestamos atención al 1% (100% menos 99%), sabremos que podemos tener un resultado positivo por cada 100 animales sanos. Con 40.000 toros sanos tendremos 400 animales con resultado de tricomonosis positivo.

Por supuesto que esos valores pueden variar, hacia abajo y hacia arriba. Hacia arriba puede ir fácilmente cuando se recuerda que el plan de control con el cultivo de TF exige un segundo análisis. ¿Cuánto error sumamos con otro muestreo? ¿Cuánto error tiene esta técnica en cada laboratorio? ¿Cuánto error tiene la otra técnica?

En La Pampa, desde hace diez años, no se ve un descenso de casos de tricomonosis. Esto puede explicarse por una simple razón, alcanzamos el límite a partir del cual no se pueden distinguir los casos reales y los falsos positivos.

Esto quiere decir que desde hace diez años no podemos ver cuántos casos de tricomonosis hay en La Pampa, que probablemente se están matando más animales sanos que enfermos, y que debe prestarse más atención a reducir el error que a aumentar la sensibilidad.

La tricomonosis es una enfermedad benigna

La tricomonosis bovina es una enfermedad de transmisión sexual causada por un protozoo flagelado denominado Tritrichomonas fetus.

En el toro Tritrichomonas fetus puede encontrarse en la cavidad prepucial y no produce alteraciones clínicas. Se ha convenido en aceptar que los toros de corta edad se liberan rápidamente del protozoo. Sin embargo los toros adultos pueden ser portadores de la enfermedad por mucho tiempo (ser portadores crónicos).

El protozoo parásito llega a la hembra bovina durante el coito. Invadiendo el epitelio vaginal puede causar inflamación de la vagina, cérvix, útero y oviductos. Por lo general el protozoo no invaden el feto aunque pueden observarse lesiones placentarias antes del día 60 de gestación. La inflamación de la placenta sería una causa de aborto. Es raro observar fetos abortados debido a una infección por T. foetus. Abortos entre el tercero y cuarto mes de gestación con fetos generalmente momificados pueden ser debidos a tricomonosis.

En el rodeo, la tricomonosis puede sospecharse por un aumento de celos repetidos, un aumento del lapso parto-preñez o del período interparto. El indicador más relevante es la disminución en la tasa de preñez. Explotaciones con un buen manejo y servicio estacional debe llamar la atención un aumento de colas de camada.

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¿Es obligatorio el control de la tricomonosis?

Los gobiernos de algunas regiones han determinado que la tricomonosis bovina es un problema. A fines del siglo pasado, algunos estados productores de carne de Australia y Estados Unidos pusieron en marcha planes de control de esta enfermedad. En ese tiempo hubo también intentos por institucionalizar el control en algunos departamentos de la provincia de Buenos Aires. Algunos años más tarde, un plan para la erradicación de la tricomonosis se puso en marcha en la provincia de La Pampa.

Muchos textos refieren que por “razones prácticas” se controla la tricomonosis en machos en edad reproductiva (toros). Esto se debe en parte a que una hembra bovina no permanece infectada más de 2-5 meses, cuando se la ha infectado experimentalmente. Por el contrario, el toro, que no se infecta fácilmente, puede guardar el protozoo durante un tiempo prolongado. Aunque no abundan los trabajos científicos que lo demuestren se ha extendido la idea que “un toro adulto puede ser portador crónico de la enfermedad”.

Otra razón práctica lleva a controlar la enfermedad en el toro: “si se exige el diagnóstico en el toro se encontrará menos resistencia”. Un productor no se resiste al control de una enfermedad que deja animales muertos en el campo. Por el contrario puede oponerse al control estricto de una enfermedad que no hace más que perder unos pocos celos a sus vacas. Puesto que en el campo se mantiene aproximadamente 1 toro por cada 20 vacas, puede decirse a un productor que posee 100 animales que sólo deberá pagar el examen de 5 toros (no de 100 animales).

Las regulaciones de Australia (sólo del sur de ese país) y de varios estados productores de carne de los Estados Unidos varían ligeramente, pero en líneas generales establecen que cualquier toro reproductor (mayor de 12 meses de edad) que debe ser trasladado, o cambia de propietario, debe tener un diagnóstico negativo de T. fetus unos días antes de ser transportado. Entonces, si un animal tiene un resultado diagnóstico positivo debe ser sacrificado.

Es necesario aclarar, y hasta remarcar, que el estado que sostiene un mecanismo de control semejante, garantiza que no circulan animales portadores de enfermedad. Es decir, el estado asegura que el diagnóstico de la enfermedad es infalible, o al menos es el mejor disponible. Un diagnóstico correcto debe asegurar que SE VAN A SACRIFICAR todos los toros enfermos y que NO SE VA A SACRIFICAR un toro sano.

El interés del estado de “limitar la propagación de la enfermedad” puede ir algo más lejos. Extendiendo el control, ayudando o castigando, ingresando o no al establecimiento productivo. En un campo con un diagnóstico positivo de tricomonosis puede haber más animales con Tritrichomonas foetus. En algunos casos, ese campo con un diagnóstico positivo no podrá mover animales hasta ser declarado “libre de enfermedad”. Un profesional puede establecer un plan sanitario que puede, o debe, acatarse, hasta obtener el certificado correspondiente. El control de tricomonosis en animales que llegan a una planta de faena es habitual en algunas regiones.

En los estados del sur de Australia sostienen que estas prácticas llevaron a no detectar animales portadores desde hace varios años. Allí las medidas de control se mantienen hoy para el ingreso de animales desde otros estados o países. En muchos estados de los Estados Unidos apenas 0,01% de toros controlados tienen diagnóstico positivo.

En Argentina, como en esos países productores de carne donde se dedican muchas hectáreas a la ganadería, la tricomonosis bovina es endémica. La adhesión de nuestro país a las normas de la Oficina Internacional de Epizootias exige que cada toro para importación/exportación debe estar libre de tricomonosis bovina. Así, cualquier macho reproductor que llegue al país como cualquier toro que debe salir del país hacia otro país miembro de la Organización debe tener un diagnóstico negativo de tricomonosis.

En muchas regiones de nuestro país la trichomonosis es un problema. Pero es de público conocimiento que la tricomonosis no es un problema tan grande como algunos pretenden. Regiones con alta incidencia de tricomonosis tienen también una elevada incidencia de otras enfermedades, reproductivas y no reproductivas. Dicho de otra manera, la tricomonosis se presenta en general en establecimientos donde no se sigue un plan sanitario mínimo y abundan otras enfermedades. Contrariamente, la tricomonosis es rara en establecimientos con un plan de manejo que incluye un plan sanitario adecuado, que tienen una clara intención de producir.

Muchas regiones de nuestro país no consideran a la tricomonosis en sus calendarios de control de enfermedades del ganado. Algunas no lo sostienen porque no alcanzan a imponer un plan mínimo de control de enfermedades. Otras no lo hacen porque presumen o saben que no es un problema. Ningún estado provincial en la argentina ha implementado un plan como los implementados en Australia o los Estados Unidos, limitando el control diagnóstico a los animales en tránsito. Sin embargo un estado de la república Argentina ha impuesto un plan que pretende superar las exigencias y los resultados de esas estrategias de control.

La provincia de La Pampa reglamentó en 2006 un programa de control obligatorio de enfermedades venéreas orientado a la erradicación de la tricomonosis bovina (llamada allí trichomoniasis) provocada por el protozoo Tritrichomonas foetus, y la campylobacteriosis genital bovina, producida por una subespecie de la bacteria Campylobacter fetus. Este plan concebido en una Comisión Provincial de Sanidad Animal (COPROSA), que reúne al gobierno de La Pampa, al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y al Colegio de Médicos Veterinarios de La Pampa tuvo sus rúbricas en el Decreto Provincial 374/07 y la Resolución Senasa 358/08.

El programa de control de enfermedades venéreas obliga a hacer el diagnóstico de Tritrichomonas foetus cada año en todos los toros reproductores. Luego, un toro con diagnóstico positivo debe ser sacrificado dentro de los 120 días de informado el resultado. La obligación se extiende por supuesto a cada toro que llegue a la provincia.

Este programa comenzó en tres departamentos del centro de la provincia, en 2007 se extendió a departamentos del norte y el este y, un año más tarde alcanzó a todo el territorio de la provincia. El costo del plan se financió al comienzo con dinero de todos los contribuyentes y luego cada productor debió solventar sus gastos.

La búsqueda sistemática de toros portadores de Tritrichomonas fetus en La Pampa mostró que el protozoo estaba presente más del 10% de los establecimiento controlados en 2008. En 2010, los campos con diagnóstico positivo representaban menos del 4%. Este éxito inicial no se sostuvo porque 12 años después de lanzado el plan los campos con algún toro positivo siguen representando cerca del 4% de los analizados.

Puesto que cualquier comentar puede ser tildado de subjetivo y ser interpretado como una mera opinión, dejemos que los números nos muestren al menos algo de la realidad del plan de erradicación de tricomonosis de La Pampa.

La decisión de implementar el plan de erradicación de enfermedades venéreas de La Pampa se sostuvo en un relevamiento que muestra que entre 2000 y 2003 aproximadamente el 15% de campos analizados tenía un diagnóstico positivo de tricomonosis (Fort, M,C,; Rojas, M, C,; Pérez, L,R,; Esaín. 2004. El control de la Trichomoniasis genital bovina en siete departamentos de la provincia de La Pampa. Publicación Técnica Nº 58 de la EEA INTA Anguil, pp: 9-12). Los resultados de ese conteo de campos y animales positivos se muestran a la izquierda en la figura 1.

FIGURA 1. Evolución de la tricomonosis bovina en La Pampa. El origen de los datos se cita en el texto.

Un trabajo publicado en 2012 dio a conocer los datos de incidencia de la enfermedad entre los años 2006 y 2010 (Vázquez, P; Fort, M; Otermin, H; Goyeneche, P; Sago, J; Baldone, V; Fuchs, L; Rojas, M; Campero, C. 2012 Enfermedades de trasmisión sexual en La Pampa, Argentina: impacto del plan de control provincial. Veterinaria Argentina. Vol. XXIX – Nº 292). El plan aparecía como un éxito, con una franca reducción de campos con diagnóstico positivo del 11% en 2006 al 4% en 2010. Estos valores se representan también se incluyen en la Figura 1. El lector podrá ver con cierto asombro que entre 2000 y 2010, a pesar de la brecha sin datos entre 2003 y 2006, parece haber una disminución sostenida de porcentaje de campos con tricomonosis. Por el contrario los porcentajes de toros positivos no muestran relación. Esto tiene una explicación válida que escapa a la intención de este artículo.

Entre 2006 y 2015, el Colegio de Medicos Veterinarios de La Pampa estuvo a cargo de reunir la información regogida por cada veterinario en un campo y cada laboratorio de análisis de muestras. Desde entonces la información se reúne en una base de datos de SENASA, permitiendo coordinar cada muestra y resultado con el movimiento de animales sanos y enfermos de un campo. Los datos recogidos por uno y otro organismo sugieren claramente que aunque la disminución de casos de tricomonosis se redujeron a menos del 4% no tenemos ningún argumento para sostener que pudo erradicarse la tricomonosis. Más aún, desde hace diez años estamos en la misma situación. ¿A qué se debe esto? Eso es otro capítulo.

Doce años después de haberse implementado el plan de erradicación erradicación de enfermedades venéreas de La Pampa, no es posible suponer que sea un éxito. El control de enfermedades venéreas alcanza hoy más del 98% de los rodeos y es posible que ayude a mejorar el estado sanitario general. El plan ha permitido también asegurar un ingreso constante para muchos profesionales veterinarios, multiplicar el capital de algunos laboratorios y poner en marcha otros tantos. Sin embargo, la intención de erradicar la tricomonosis (y la campilobacteriosis) en La Pampa ha, hasta hoy, fracasado.

El plan de promoción de la ganadería bovina, y en particular la intención de erradicar las tricomonosis y la campilobacteriosis, debían permitir aumentar significativamente la producción de terneros. La promesa de un incremento del 15% en la producción de terneros se vio, y se ve, en varios documentos técnicos y de divulgación. Este valor tiene algún sentido para quien estudia la tricomonosis (y la campilobacteriosis) y sabe que tiene un origen sumamente dudoso. Para aque que se dedica a generar terneros este valor no representa absolutamente nada. Ese productor sabe que incrementar la producción de terneros en un 15% depende de muchas medidas que, en general, no incluyen el control de las enfermedades venéreas citadas. Ahora bien, la llegada del plan de control a todos los rodeos representó una mejora?

Obtener información de la producción de nuestro país no es una tarea fácil. A menudo no encontramos los datos propiamente dichos sino los resultados de análisis. Hacia el inicio del plan de control de venéreas se estimaba a producción de terneros de la provincia de La Pampa en un 62%. Desde entonces varias noticias indican sendos aumentos, y estos se asociaron a un aumento sostenido de la producción.

Los datos disponibles en el sitio del Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca indican que, después de atravesar un período de sequía que obligó a “vaciar” muchos campos entre 2008 y 2010, el número absoluto de vacas ha experimentado un aumento sostenido hasta 2019. De hecho el capital de madres fue en aumento y hoy se encuentra casi en el mismo estado que presentaba en 2008, cuando el plan de erradicación de enfermedes venéreas alcanzó toda la provincia (línea roja en la Figura 2). El número absoluto de terneros también ha ido en aumento desde entonces (línea verde en la Figura 2). Sin embargo la relación entre estas dos medidas no ha variado (línea punteada negra en la Figura 2). Es decir la cantidad de terneros por vaca, justamente la medida que debe indicar el éxito del plan de enfermedades venéreas, no ha variado entre 2008 y 2019. No es intención de este artículo discutir porqué la relación absoluta ternero/vaca es menor a la calculada en otras fuentes.

FIGURA 2. Evolución de stock de bovinos en La Pampa. La relación terneros por vaca representada por linea punteada se obtuvo relacionando en número de terneros y terneras con el número de vacas y vaquillonas. Datos originales Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca

En resumen, la incidencia de la enfermedad que se esperaba erradicar no ha variado en los últimos diez años y no hay una medida que indique que hubo una mejora en la producción.

Control de la enfermedad

La tricomonosis bovina puede controlarse, como otras enfermedades, desde muchos frentes. En general no hay uno solo completamente eficaz. Es así que el manejo del rodeo determina la ausencia del agente infeccioso o un reducido impacto de la enfermedad.

Siempre es necesario recordar que el protozoo no puede instalarse durante mucho tiempo en toros jóvenes ni en las hembras. Por esta razón es posible controlar la enfermedad mediante el uso de machos jóvenes, es decir reponiendo los toros con frecuencia. Luego, habiendo encontrado un macho infectado o sospechando la presencia del protozoo en la hembra, puede darse a las hembras un descanso sexual.

Desde hace más de 40 años se ha intentado desarrollar una vacuna eficaz para evitar que Tritrichomonas foetus infecte el bovino. En ese lapso se han dado a conocer más de veinte trabajos de investigación de grupos de todo el mundo, incluyendo el nuestro. La inmunización de la vaca ha sido parcial en muchos casos. Mientras una vaca no vacunada puede ser infectada y librarse de la infección en aproximadamente 70 días una vaca inmunizada con una de las mejores vacunas obtenidad se libra de la infección en la mitad de ese tiempo. Ninguna vacuna formulada hasta el momento ha permitido evitar que la vaca o el toro sea infectado.

Hay drogas que permiten “curar” a un animal infectado por Tritrichomonas foetus. El metronidazol y otras drogas resultan muy efectivas. Sin embargo esta y otras drogas similares no se aconsejan en nuestro país y en otros está muy controlado. Estas drogas no deben usarse de manera indiscriminada, sin controlar correctamente la dosis y el curso de la infección. Emplearlas a campo sin el control necesario ha sido un gran error.

La inseminación artificial es el método más eficaz para el control de la tricomonosis bovina. El protozoo no puede en general crecer después de congelar el semen.

El diagnóstico ayuda a identificar animales infectados. El diagnóstico y la eliminación de animales portadores de infecciónes el método más ampliamente utilizado para el control de la tricomonosis. Aceptando que un toro puede ser portador de la infección por más tiempo que una hembra es en éste que se busca el protozoo. En una muestra de raspado o lavado prepucial se busca el protozoo mediante una técnica microbiológica (visualización del microorganismo) o molecular (detección de su ADN). Como en la detección de otras enfermedades es necesario recordar que toda técnica diagnóstica tiene un riesgo de error.

Las políticas de control adoptadas por cada región pueden variar mucho. En la mayoría de los países, como en muchas provincias argentinas, el diagnóstico no es obligatorio. El control de la enfermedad es obligatorio antes del traslado de animales reproductores hacia países miembros de la Organización Internacional para la Salud Animal (Tricomonosis- OIE ) (Argentina es parte de esta organización) . Como lo impone esa regla, en otros países grandes productores de carne como Australia y Estados Unidos se controla obligatoriamente a cada macho reproductor que debe transitar entre dos establecimientos. Es decir que la enfermedad es un problema del productor mientras que el estado controla que si hay enfermedad no se disemine. En Argentina sin embargo hay provincias que imponen el control annual de todos los machos reproductores dentro de campo. Esta práctica pensada para erradicar la enfermedad no ha tenido éxito hasta el momento.

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